Fracción: de la promesa del triple impacto al borde del colapso

Arrastra pérdidas y pasivos que amenazan su continuidad.

Fracción: de la promesa del triple impacto al borde del colapso

Cuando Fracción fue creada en 2017 por Javier Vega y José Manuel Moller (Algramo), parecía tener todo a su favor: un modelo innovador que permitía fraccionar medicamentos para abaratar costos, disminuir el desperdicio y llegar a comunas sin farmacias. La apuesta de “triple impacto” —económico, social y ambiental— fue celebrada por inversionistas y medios. Incluso se convirtió en la primera farmacia latinoamericana en certificarse como Empresa B.

Pero la historia dio un giro. Hoy, la compañía arrastra deudas por más de $1.000 millones, tiene un déficit patrimonial arrastrado desde 2022 y depende de un aumento de capital de hasta $700 millones, que sus accionistas votarán en una junta extraordinaria el 28 de agosto.

Según Diario Financiero (DF), la CEO Sofía Valenzuela —en el cargo desde mayo— reconoció que, sin esos recursos frescos, la operación se complica. Aunque insiste en que “no hay riesgo de quiebra inminente”, lo cierto es que la empresa sobrevive con números en azul solo porque sus ingresos se destinan casi por completo al pago de deudas.

DF detalló que parte del colapso vino de decisiones mal calculadas: la creación de una fundación para impulsar el programa Comunas sin Farmacias —que nunca despegó— y que generaba pérdidas de $40 millones mensuales. A eso se suma la apertura de sucursales que luego debieron cerrarse por su falta de rentabilidad.

Los ingresos, proyectados en más de $4.500 millones en 2025, provienen principalmente de acuerdos B2B con isapres, no de la venta directa a consumidores. La paradoja es evidente: una “farmacia digital” cuya promesa original se ha ido diluyendo.

Lo que muestran los documentos de ScaleX

El prospecto de ScaleX presentado en 2024 expuso el desfase entre el relato y la ejecución. Pese a su discurso de impacto, la startup ya acumulaba pérdidas superiores a $830 millones en 2022, déficit patrimonial de más de $635 millones y flujos de caja negativos. Los auditores de RSM advirtieron una “duda sustancial” sobre la capacidad de la compañía para seguir operando.

Aun así, Fracción proyectaba crecer hasta capturar un 2,6% del mercado farmacéutico chileno al 2030, con ventas netas por $61.500 millones. Las cifras se parecían más a una hoja de ruta aspiracional que a un plan realista.

La sombra de Algramo

El caso de Algramo, también fundado por José Manuel Moller, funciona como espejo. Esa startup de consumo sustentable, tras años de reconocimientos y visibilidad internacional, terminó quebrando. Hoy, Fracción sigue un derrotero similar: un modelo celebrado por su impacto social y ambiental, pero que no logró sostenerse frente al rigor financiero.

Un relato que se apaga

La estrategia actual de Fracción es más defensiva: cierre de locales no rentables, pausa a la fundación y foco en e-commerce y convenios institucionales. Pero la advertencia está clara: si el aumento de capital fracasa, la empresa podría seguir el camino de Algramo.

El 28 de agosto se sabrá si los accionistas deciden darle oxígeno o si la startup que prometió revolucionar el acceso a los medicamentos terminasiendo otro ejemplo de cómo los relatos de innovación social pueden naufragar cuando la matemática no calza.

Inversionistas conocidos

La inscripción de Fracción en el mercado ScaleX de la Bolsa de Santiago (marzo de 2024) muestra una lista de accionistas diversa, en la que destacan el heredero de los Yarur, Juan Yarur, la actriz Juanita Ringeling, la familia Mustakis, entre otros.

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