Banco apuesta por Europa, Latinoamérica podría ser un próximo paso.
El Banco Santander dio un nuevo paso en su estrategia de financiamiento a plataformas digitales al sellar un acuerdo con Uber para destinar hasta U$1.080 millones a operadores de flotas en Europa. La iniciativa, que se desplegará durante tres años, busca facilitar el acceso a crédito para empresas que gestionan vehículos dentro de la aplicación.
El programa contempla líneas de financiamiento flexibles, que se activarán según la incorporación de operadores, la demanda en cada mercado y el análisis de riesgo en países como España, Alemania e Italia. En la práctica, el banco entra de lleno en el engranaje operativo de Uber, apuntando a un segmento clave para su crecimiento: las flotas profesionales.
Desde Santander sostienen que el acuerdo permitirá dinamizar la inversión en vehículos, en un contexto donde la renovación tecnológica y la eficiencia operativa se han vuelto determinantes para competir en el negocio del transporte urbano. La entidad enfatiza que el acceso a financiamiento es una barrera crítica para muchos operadores, especialmente en escenarios de tasas altas y mayor exigencia regulatoria.
La movida también refleja una apuesta más amplia del banco por capturar oportunidades en la economía de plataformas, donde el crédito se vuelve una herramienta de expansión indirecta. No se trata solo de financiar autos, sino de integrarse en cadenas de valor donde el flujo de ingresos depende de algoritmos, demanda en tiempo real y condiciones laborales aún en debate.
Desde Uber, en tanto, destacan que el acuerdo permitirá a sus socios modernizar flotas, mejorar eficiencia y responder a una demanda que sigue firme en mercados europeos. Sin embargo, el trasfondo es más estructural: la compañía continúa trasladando parte del riesgo operativo a terceros, mientras fortalece su red sin asumir directamente la propiedad de los activos.
En ese equilibrio, el rol de la banca no es neutro. Al financiar flotas, Santander no solo impulsa crecimiento, también se expone a un modelo de negocio que depende de variables volátiles como la regulación, los costos operativos y la sostenibilidad del propio ecosistema de conductores.
¿Y Latinoamérica?
El acuerdo abre además la interrogante sobre una eventual expansión hacia Latinoamérica, donde tanto Santander como Uber tienen una presencia relevante. La lógica del financiamiento es replicable, pero el contexto cambia de forma significativa. Mercados con mayor informalidad, ingresos más inestables y marcos regulatorios fragmentados elevan el riesgo y tensionan la viabilidad de programas de esta escala.
A eso se suma un factor estructural: en buena parte de la región el negocio está más atomizado en conductores individuales que en grandes operadores de flotas, lo que obliga a rediseñar completamente el modelo de crédito. En ese escenario, una eventual llegada no sería una réplica del esquema europeo, sino una versión más acotada, probablemente focalizada en socios con mayor escala o respaldos financieros.
En el caso de Chile, el escenario regulatorio comienza a despejarse tras la toma de razón de la Ley Uber Chile 2026 por parte de la Contraloría General de la República de Chile, que permitió avanzar en el reglamento que regirá a las Empresas de Aplicación de Transporte. La normativa introduce exigencias, pero también cierta flexibilización en barreras de entrada, lo que podría incentivar una mayor formalización del sector y, con ello, mejorar las condiciones para estructurar financiamiento.
Ese punto no es menor. A mayor certeza regulatoria, menor riesgo para la banca. En ese sentido, Chile aparece como uno de los pocos mercados de la región donde un esquema como el impulsado por Santander podría encontrar terreno más fértil, especialmente si se consolida un ecosistema de operadores de flotas más profesionalizados y con mayor trazabilidad financiera.
Con todo, países como Chile, Brasil o México aparecen como candidatos naturales para probar este tipo de iniciativas, por tamaño de mercado y niveles de bancarización. Pero incluso ahí, el despliegue dependerá de cómo se resuelva una ecuación más exigente: crecimiento versus riesgo en economías donde la estabilidad del modelo Uber sigue bajo escrutinio.
