La firma europea ya había abierto 40% a nuevos inversionistas
Este lunes, A&G - firma española de banca privada y gestión patrimonial - oficializó la entrada a su propiedad de un grupo de exaccionistas y ejecutivos de Grupo Security, liderados por Renato Peñafiel, marcando el regreso activo de uno de los nombres más gravitantes del sistema financiero chileno tras la reconfiguración que dejó la fusión con Bice.
El anuncio no ocurre de manera fortuita. El aterrizaje de Peñafiel y otros exrostros de Grupo Security en la propiedad de A&G llega apenas semanas después de que el banco español ejecutara una de las mayores reconfiguraciones de su estructura accionaria reciente, abriendo cerca del 40% de su propiedad a inversionistas institucionales y family offices de Europa y Latinoamérica.
Ese movimiento, informado a fines de marzo, incorporó capitales de alto patrimonio provenientes de España, México, Perú, Chile y Centroamérica, consolidando un modelo que combina control de sus socios fundadores con una red ampliada de inversionistas estratégicos. La familia Rodríguez-Fraile mantuvo el liderazgo, incluso reforzando su participación, junto con socios históricos como GPF Partners.
En ese contexto, la entrada del grupo ligado a Peñafiel aparece menos como una operación aislada y más como parte de una estrategia deliberada de A&G por capturar capital y know how latinoamericano. De hecho, entre los nuevos socios ya figuraban patrimonios relevantes como la familia Lería Luksic, a través de Wild Sur, además de grupos empresariales de México y Centroamérica, e incluso figuras del mundo deportivo y financiero europeo.
Pero hay un punto menos evidente que ayuda a entender el encaje de estos nombres. A&G se ha construido sobre una estructura donde los banqueros no son solo ejecutivos, sino también socios, lo que en teoría alinea incentivos y diluye la lógica comercial más tradicional.
Ese modelo, que la firma presenta como uno de sus sellos, busca tomar distancia de la banca privada más transaccional. Sin embargo, en la industria este tipo de esquemas no está exento de cuestionamientos, la promesa de independencia y ausencia de conflictos de interés es difícil de sostener plenamente cuando el crecimiento y la captura de patrimonio siguen siendo objetivos centrales.
El movimiento, además, ocurre en una ventana particularmente reveladora. Peñafiel no solo había quedado fuera de la primera línea tras la fusión entre Security y Bice, sino que en las últimas semanas formalizó su salida de los directorios de BICECORP y sus filiales, manteniendo únicamente su rol como accionista . Ese paso termina de cerrar su ciclo operativo en el holding y habilita su reposicionamiento en una plataforma distinta.
No se trata de un nombre cualquiera. Con más de cuatro décadas en la industria financiera y casi 30 años como gerente general de Grupo Security, Peñafiel fue uno de los principales responsables de transformar la firma en un actor diversificado, con presencia en banca, seguros, fondos mutuos y corretaje . Su llegada, en ese contexto, no solo aporta capital, sino una trayectoria de construcción institucional poco habitual en este tipo de movimientos.
El grupo que lo acompaña también suma capas de lectura. Gonzalo Pavez Aro, hoy director de Sigdo Koppers, y Álvaro Vial Gaete, vinculado al mundo empresarial local, se integran junto a ejecutivos como Fernando Salinas Pinto e Ignacio Prado Romani, ambos con más de 25 años en la industria financiera . No es solo un traspaso de nombres, sino de redes activas dentro del mercado.
La operación, además, profundiza una línea que A&G ya había iniciado. La familia Lería Luksic, a través de Wild Sur, no es un actor nuevo, había ingresado en 2022 y reforzó su posición en la última reorganización . Eso sugiere que la apertura del 40% no fue un evento aislado, sino parte de un proceso escalonado de incorporación de capital estratégico.
El movimiento también tiene lectura local. Se produce tras el cierre de la fusión entre Security y Bice, que dejó a varios de sus principales ejecutivos fuera de la primera línea operativa. Lejos de un repliegue, el paso hacia A&G sugiere una relocalización estratégica del capital y del talento, ahora en plataformas con alcance internacional.
Una firma que busca diferenciarse del estándar
A&G nació como una alternativa independiente dentro de la banca privada española, impulsada por familias y profesionales que buscaban esquemas menos tradicionales de gestión patrimonial. Con el tiempo evolucionó hacia un modelo de multifamily office, integrando asesoría, gestión de activos y planificación financiera bajo una misma estructura.
Hoy, su organización se sostiene en una base amplia de socios, más de 80 según su propio material corporativo, que participan directamente en la gestión, lo que refuerza la idea de una firma donde propiedad y operación están estrechamente vinculadas.
A nivel de servicio, la compañía insiste en evitar la estandarización y en diseñar estrategias específicas para cada cliente. Ese enfoque, si bien es común en la narrativa de la banca privada, se vuelve más exigente en un entorno donde los patrimonios demandan acceso a múltiples jurisdicciones, estructuras fiscales complejas y vehículos de inversión más sofisticados.
Expansión y captura de patrimonio global
A&G viene posicionándose como un actor independiente con ambición de escala. Con más de 100 banqueros, presencia en 11 oficinas y activos bajo gestión por sobre los U$18.300 millones, la firma busca crecer sin diluir su modelo, combinando expansión orgánica con la incorporación selectiva de nuevos socios.
El telón de fondo es más amplio. La propia firma reconoce que la industria de banca privada se ha vuelto más global y competitiva, con clientes que exigen mayor sofisticación y soluciones integradas. En ese escenario, la apertura hacia Latinoamérica no solo responde a una oportunidad, sino también a una necesidad de crecimiento en mercados donde aún hay espacio para capturar patrimonio.
Más que una simple incorporación, el movimiento deja entrever una dinámica mayor. La salida de ejecutivos desde plataformas locales consolidadas y su aterrizaje en estructuras internacionales sugiere que el proceso de consolidación chileno no solo reordena propiedad, sino que está empujando una nueva fase de internacionalización del capital y del talento financiero.
