CMF apura el tranco en Fintec

Acusa recibo de críticas

Finanzas abiertas entran en fase decisiva

La implementación de la Ley Fintec en Chile dejó de ser una discusión normativa y comenzó a entrar en una etapa más exigente: la de ejecución. Según una presentación de la Comisión para el Mercado Financiero, el regulador prepara la entrada en vigencia de la NCG 514 con su Anexo 3, la habilitación del sandbox tecnológico, un período de marcha blanca y el desarrollo del Anexo 4, piezas clave para poner en régimen el Sistema de Finanzas Abiertas.

El avance no es menor para el mercado local. En la práctica, el modelo obligará a bancos, fintech, emisores, aseguradoras, cooperativas, cajas de compensación y otros actores financieros a operar bajo nuevos estándares de intercambio de información, autenticación, consentimiento, ciberseguridad, disponibilidad tecnológica y gestión de riesgos.

La CMF informó que desde la publicación de la Ley Fintec, en enero de 2023, ha desarrollado una agenda intensa de implementación. En ese período se publicaron normas para asesorías de inversión, servicios fintech y el propio Sistema de Finanzas Abiertas. Además, se realizaron mesas técnicas, talleres y consultas públicas que recibieron cientos de comentarios del mercado.

Las cifras muestran el tamaño del proceso. Al 13 de abril de 2026, el Registro de Prestadores de Servicios Financieros acumulaba 484 solicitudes de inscripción, de las cuales 94 estaban aprobadas, 172 cerradas y 218 vigentes. En autorización, se registraban 497 solicitudes asociadas a 437 entidades, con 246 aprobadas, 56 cerradas y 195 vigentes.

El dato revela una señal doble. Por un lado, confirma que existe interés del mercado por entrar al nuevo perímetro regulatorio. Por otro, muestra que el aterrizaje de la Ley Fintec todavía enfrenta una carga operativa relevante, tanto para el regulador como para las empresas que deberán cumplir estándares técnicos y de seguridad más complejos.

Uno de los puntos centrales será ATENA, el sandbox tecnológico que la CMF dispondrá para el Sistema de Finanzas Abiertas. Esta infraestructura permitirá realizar pruebas preproductivas, validar modelos de negocio en un ambiente simulado y seguro, probar APIs de datos e iniciación de pagos, y facilitar la integración con el Directorio de Participantes.

La apuesta es relevante porque el éxito del sistema no dependerá solo de la norma, sino de la capacidad real de los actores para interoperar. En otras palabras, Chile no solo está regulando a las fintech: está intentando construir una infraestructura común para que la información financiera pueda circular bajo consentimiento del usuario, con reglas técnicas compartidas y responsabilidades más claras.

El desafío será evitar que la promesa de mayor competencia termine capturada por la complejidad de implementación. Las grandes instituciones financieras cuentan con músculo tecnológico, equipos legales y capacidad de cumplimiento. Para muchos actores más pequeños, en cambio, los costos de adecuación, pruebas, seguridad y conectividad podrían transformarse en una barrera de entrada.

Por eso, la próxima etapa será clave. La marcha blanca y el sandbox no solo medirán el grado de preparación tecnológica del mercado, sino también la capacidad de la CMF para equilibrar innovación, protección de datos, competencia y estabilidad financiera. En un sistema financiero altamente concentrado como el chileno, la Ley Fintec puede abrir espacio a nuevos modelos, pero solo si la regulación logra operar como habilitador y no como filtro de entrada.